«Poesía sin sexo», breve reflexión en torno a la literatura femenina, por Marta Villar.

Uno de los libros de mi vida –más allá de La sombra del viento que me convirtió en lectora– es La plaza del Diamante, un clásico de la literatura catalana de posguerra de Mercè Rodoreda. No me pidas nombres ni exactitudes, porque se me escapan con el tiempo, pero el estilo simple y cargado de poesía quedó grabado a pulso. La lucha de la mujer que pasa hambre y sueño pero, eso sí, que nadie la vea, de puertas para adentro, de boca y alma cerradas.

Con esa lectura pude intuir, a corta edad, la lucha constante de la mujer en dos frentes: uno, el que sea, el individual, el suyo –estudiar, enseñar, escribir–, y el otro, el colectivo, el de género, el derecho a hablar, a tener ideas y no callarlas, a ser visible.

Aún hoy se habla de literatura y de literatura femenina. Añade “femenina/o” tras cualquier sustantivo y acto seguido se debilita. Por eso querrías despertar un día y tocarte el pecho y tener pelo en él y afeitarte la barba. Y quién no. Ya no crees en el talento y te confías a la suerte. De joven, imaginabas que viajarías y sola y por trabajo. Tú escribirías libros y él los vendería. Pero alguien decidió no leerte. O leerte poco. O leerte mal. Y trabajas como puedes y te pagan como pueden, o como dicen poder. Y dudas de ti misma y te limitas.

Fue en Barcelona, hará pocos meses, en una tertulia poética. Alguien del público atizó a una escritora: “Me gusta tu poesía porque no parece escrita por una mujer”. Si algo logró fue el silencio. Espeso, incómodo, lejos del cumplido. Quedamos convocados a otra sesión: un recital donde el público debería adivinar si el texto lo había escrito una mujer o un hombre. De nuevo, no me preguntes nombres ni exactitudes, pero fue mucho menos de la mitad lo que logramos acertar.

La inestabilidad en la inserción literaria de la mujer es evidente. La sensación de desgaste, de esfuerzo inútil, de rendición. Hablas y pocos se detienen y se giran y escuchan tu voz. Me gusta tu poesía porque no parece escrita por una mujer. Como si te escupiera. Cayó por su propio peso. Algún día la frase terminará en poesía. Liso. Raso. Sencillo. Me gusta tu poesía.

 

 

 

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Marta Villar, colaboradora de Ediciones Filacteria, es periodista, editora y escritora. Ha trabajado en diferentes medios de comunicación de Barcelona, como Cadena Ser y La Vanguardia. Actualmente, escribe artículos distendidos en la revista digital Mundo Bonito y revisa trabajos periodísticos para L’Observatori de la Ràdio de Catalunya. Ha cursado varios talleres sobre literatura creativa, prosa poética y poesía, tanto en Barcelona como en Santiago. Puedes leer sus escritos en el blog de Relatos Autoficcionados mart.villar.wordpress.com.

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